Tango: Es uno de los estilos básicos del flamenco. Las diversas modalidades que pueden hoy distinguirse, según procedan de Cádiz, Sevilla, Jerez de la Frontera o Málaga, presentan ciertas diferencias, estructurales unas veces e interpretativas otras, pero casi siempre se manifiesta como un cante para bailar, de naturaleza típicamente bajo-andaluza. Tiene un estilo de rítmica muy viva y acentuada. Su ritmo alegre y su compás medido permiten que sea interpretado al baile dando lugar a movimientos de gran brillantez y expresividad.
Tanguillo: Es un cante genuinamente gaditano por lo que, comúnmente, se le conoce por tanguillo de Cádiz, y sus letras son jocosas, irónicas y satíricas, pero siempre festeras, de diversión intrascendente. Baile es con movimientos muy acompasados, paseos, punteados y mudanzas.
Taranta: Pertenece al grupo de cantes de las minas, origen de este cante es algún fandango almeriense. Las letras son descriptivas y se inspiran en aspectos diversos de la existencia humana. Es cante largo, duro, sobrio y viril. En general no se baila.
Taranto: Cante muy parecido a la taranta. Entre los estilos mineros es el único sujeto a cierto compás. Este hecho permite que el taranto se baile, a un ritmo que se asemeja a la zambra.
Tientos: Es un cante reciente, su conocimiento data de los primeros años del siglo XX, al menos posterior al estilo del que procede, el tango, y con igual compás que éste, aunque más lento, solemne y complicado. Es un cante bailable, con letras que suelen ser patéticas, sentimentales y sentenciosas. Baile es majestuoso, sobrio y de una gran matización dramática, con aire acentuadamente ritual.