En 1901 aparece el disco de flamenco, y una nueva época de ingresos y difusión se abre para este arte, lógicamente para dos de sus pilares: el cante y la guitarra.
Sobre el inicio de la industria en discos de pizarra o placas manifestaba el maestro Chacón 1 : Tengo hechas diez placas con el maestro Habichuela para la casa Odeon 2. Mepagaron diez mil pesetas 3. No me gustaron después de impresionarlas. Crea usted que esas placas me quitaron la cabeza, porque corrieron el mundo entero [...]El año 1913 hice diez placas con Ramón Montoya a una casa americana 4. Me pagaron diez mil reales 5. Salieron muy bien. Son dos malagueñas y soleares. Quedó la empresa en hacer más y no he recibido aviso. 6
En paralelo a la aparición del nuevo mercado, y a pesar de que Sevilla tenía todavía un buen ambiente flamenco, gran cantidad de artistas deciden aventurarse en Madrid al calor de los teatros. Los cafés cantantes comienzan su decadencia debido a la competencia que representan los espectáculos de flamenco en los teatros. El crecimiento de esa nueva oferta capta a un nuevo y numeroso público que se siente atraído por los muchos y buenos artistas que actuaban en ellos.
1, A lo largo de la entrevista citada el artista, cuando se refiere a cantidades económicas, utiliza indistintamente: onza, duros, pesetas y reales
2, 1909 según consulta en la base de datos discográficas http://flun.cica.es/flamenco_y_universidad/discografia/consulta
3, Textual en la entrevista original
4, Gramophone, obtenido de la fuente mencionadad en la cita 2
5, Textual en la entrevista original
6, Galerín, entrevista citada
A partir de los años veinte comienza a verse que los espectáculos flamencos van cambiando y se arropan en una especie de paraguas denominado Ópera flamenca. Terreno o nombre polémico que pretende ser explicado por más de un “flamencólogo” por las diferencias porcentuales que pagaban los espectáculos: los artísticos y de variedades el 10%; los instrumentales y de canto el 3% 1
La situación del flamenco y el nuevo tipo de espectáculo que se pone en marcha nos lo relata Pepe Marchena: “En esta época se cantaba de todo, pero lo que le gustaba a la gente, como siempre ha pasado, eran los fandangos; en cuanto a los interpretes, los mejores y los que más agradaban al públici eran Tomás Pavón y Chacón [...] En el año treinta, después de la Opera Flamenca, que ya le dije que la estuve poniendo hasta finales de 1929 2 hice una turné por Francia con Ramón Montoya”3.
1, Esta teoría la desmonta, o pretende desmontarla José Manuel Gamboa en su articulo “Malos entendidos que se han hecho fuertes en la Flamencología”
2, La estrenó en 1924 con Chacón, La Niña de los Peines, Cepero y El cojo de Málaga
3, Ramos Alfonso, Ramón: Pepe Machena: Apuntes biograficos y artisticos. Ayuntamiento de Marchena. Sevilla. 1996
La Opera Flamenca abrió los grandes espacios para el flamenco, con actuaciones en muchos teatros y plazas de toros. Es una época de grandes bailaoras y bailaores, como Antonia Mercé La Argentina, Vicente Escudero, Imperio Argentina, Encarnación López, La Argentinita, y sus revelos más jóvenes como Antonio, Rosario, Carmen Amaya, Pilar López etc.
Esta modalidad de presentar el espectáculo flamenco continúa en la postguerra, casi hasta la mitad de los cincuenta. En los últimos años va cambiando y volviendo a las variedades aflamencadas. Juan Valderrama lo expresa claramente: “Hubo un momento en que por necesidades de dinero que los flamencos necesitábamos para vivir, tuve que cantar canciones. Entonces hice como el torero que pone banderillas, pero soy un cantaor de flamenco de los pies a la cabeza y me conozco todos los cantes que hay en el flamenco y los hago todos” 1
1, Burgos, Antonio: Juanito Valderrama Mi España querida. La Esfera de los Libros. Madrid. 2004
El flamenco, con este formato de espectáculo, giró prácticamente por todos los pueblos de España que disponían de alguna infraestructura para actuar. La provincia de Sevilla, con los datos de una publicación del año 1950 1, mantenía una gran cantidad de butacas en oferta, no menor que la actual, y con una competencia más baja en los entretenimientos del momento. Rn esos años, la provincia de Sevilla tenía 1.111.344 habitantes, incluyendo la capital con 382.564 habitantes. El número de locales de exhibición era de 153, fundamentalmente cines, con 104.800 butacas, de ella 48.600 en la capital, de las cuales 7.630 correspondían a locales con escenario. Y 56.200 asientos en la provincia, con 17.000 en locales de estas características (con escenario). En estas infraestructuras, 43 eran de verano con 39.600 butacas, teniendo en cuenta que había cierta tradición de hacer algunos espectáculos flamencos en estos establecimientos durante el estío.
1, Cuevas Puente, Antonio (dtor ): Anuario Cinematográfico Hispanoamericano. Servicio de Estadística del Sindicato Nacional del Espectáculo. Madrid. 1950.
El llamado Desarrollismo Económico de los sesenta y el crecimiento del turismo contribuyeron a la proliferación de los tablaos, como modernización del Café Cantante, sobre todo en ciudades monumentales y en destinos de sol y playa. Se modernizaba un modelo parecido al que describía Nestor Luján: "Las Zambras eran celebradas como oferta turística de la época para los viajeros románticos que buscaban en España lo tradicional, que una Europa ilustrada, pretendidamente regida por la razón, había perdido."1 El baile era la base del espectáculo, y el público predominante era extranjero, por lo cual estos nuevos locales cumplieron varios papeles: generar nuevos puestos de trabajo; acercar el flamenco a las ciudades de origen de los turistas; y, también, servir de difusión del mismo con los reportajes y documentales que se realizaban.
1, Parra, Antonio: Cafés Cantantes Historia y Documentos. Escuela Superior de Arte Dramático. Murcia, 2001.
En paralelo a lo anterior aparecen, una vez acabado el ciclo de la Ópera Flamenca en la década de los cincuenta, los festivales flamenco, que en la provincia de Sevilla van a comenzar su andadura con El Potaje de Utrera en 1957, Mairena del Alcor en 1962, El Gazpacho de Morón en 1963, y La Caracolá de Lebrija en 1966. Recogemos un las notas a pié de página lo que sobre ellos comentaban en diferentes entrevistas Antonio Mairena 1, uno de sus impulsores, y El Turronero 2 uno de sus asiduos artistas en los setenta.
1, "Yo los impulsé y ayudé cuanto pude desde su nacimiento, porque me daba cuenta de que en los tablaos el cante, subordinado al baile, se estaba ensordeciendo y asfixiando [...] A mi modo de ver, los festivales han tenido una cara positiva, pues gracias a ellos se canta para escuchar y se toca para cantar, cosa que no podía hacerse en los tablaos, y los artistas encuentran en ellos una ayuda para vivir". García Ulecia, Alberto, op.cit.
2, Juan Toro, entrevista al Turronero 1998 www.deflamenco.com
No obstante, tu época de explosión fueron los años setenta y principio de los ochenta, en los que no había un festival en el que tu nombre no figurase en los carteles.
Pues sí, a nivel popular era tal como tú dices. Pero luego, en soledad, a nivel particular, no tuve tiempo de paladear el triunfo. No tenía tranquilidad, cantaba y cantaba a todas horas. Incluso a veces llegué a pensar que me tomarían por loco, porque terminaba un festival y yendo por la carretera le decía al chofer que parara el coche, y me ponía a repasar o perfeccionaralgún tercio. Todo esto en plena noche, al aire libre en el campo. Vivía muy deprisa, muy ficticiamente.
¿Y qué pasa con todo ese dineral que se gana en esos momentos Manuel?¿Cómo es que luego vienen estas adversidades y no hay recursos?
Yo leí alguna vez no sé dónde, que el dinero fácil, fácil se va. T es así. Cuando yo le pedí a Pulpón ochenta mil pesetas por festival, me dijo que no podía ser, que eso no lo ganaba ni Mairena ni Fosforito. Yo pasaba mucho miedo delante del público, porque los críticos me daban mucha leña y eso me llegó a comer el coco, me creó mucha inseguridad porque era muy joven. Por tanto, le dije a mi representante que yo quería cobrar ochenta mil pesetas, que efectivamente era muchísimo dinero hace veinticinco o treinta años. Yo, en los años setenta me levantaba con veinte mil duro en el bolsillo y por mucho que gastara, al acostarme volvía a tener otros veinte mil. Eso no se llega a apreciar. Te piensas que eres rico y que nunca se va a acabar.